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ARTICULO DEL DÍA

CUANDO LAS BARBAS DE TU VECINO VEAS CORTAR…

Melanie Mühl  ¦ Artículo original en Frankfurter Allgemeine Zeitung ¦ 19 diciembre 2012

Georg Pieper está especializado en situaciones traumáticas. Cada vez que se ha producido una catástrofe en Alemania, ha acudido este especialista. Tras los atentados de Oslo y de Utøya, Georg Pieper se desplazó a Noruega para organizar a sus colegas. Su trabajo consiste en analizar con lupa una situación y determinar la magnitud de una catástrofe.

En octubre, Georg Pieper pasó unos días en Atenas, donde dio unos cursos sobre traumas a psicólogos, psiquiatras y médicos. Esperaba encontrarse con una situación difícil, pero la realidad superó sus peores temores.

Para los alemanes consumidores de información, la crisis es algo que forma parte del pasado. Ante todo la conocemos por medio de expresiones como “fondos de rescate” o “agujero de varios miles de millones”. En lugar de analizar el contexto global, vemos a Angela Merkel en Berlín, en Bruselas o en algún otro lugar, mientras se baja de una limusina negra, con gesto serio.

Pero esto no nos muestra la verdad, la verdad sobre Grecia, sobre Alemania, sobre Europa. Georg Pieper habla de un “retroceso masivo” para calificar lo que está sucediendo justo ante nuestros ojos. En especial, los mecanismos de defensa de los responsables políticos funcionan a la perfección.

Un trauma colectivo

En octubre de 2012, así era la Grecia que vio: mujeres embarazadas que corrían a los hospitales, suplicando que las admitieran, pero como no tenían ni seguro médico ni dinero, nadie quería ayudarles a traer a sus hijos al mundo. Personas que hace poco aún pertenecían a la clase media, que recogían restos de frutas y verduras en la calle, en un suburbio de Atenas.

Un hombre de edad avanzada que le explicaba que ya no podía pagar sus medicamentos para sus dolencias cardíacas. Le habían reducido la pensión a la mitad. Tras haber trabajando durante más de 40 años, pensaba que había hecho todo lo que debía hacer y que hoy ya no comprendía al mundo. Ahora, la gente que va al hospital tiene que llevar sus propias gasas y su propia comida. Desde que se despidieron a los equipos de mantenimiento, los que se encargan de la limpieza son los médicos, las enfermeras y el personal auxiliar, privados de suelos desde hace meses. Los hospitales carecen de guantes desechables y de catéteres. La Unión Europea advierte al país de la propagación de enfermedades infecciosas.

Por falta de medios financieros, manzanas enteras de hogares no disponen de combustible para la calefacción en esta época del año. En primavera, un hombre de 77 años se suicidó con un arma ante el Parlamento de Atenas. Antes de suicidarse, gritó: “¡Así no dejo ninguna deuda a mis hijos!”. El índice de suicidios se ha duplicado en los tres últimos años.

Un trauma es un suceso que estremece la percepción del mundo del individuo hasta sus cimientos. La experiencia es tan violenta, que sumerge al sujeto en un torbellino de angustia absoluta. Solo los cínicos siguen hablando de regresión social sobre Grecia. Lo que se observa actualmente es un trauma colectivo.

Odio y violencia

“La crisis afecta especialmente a los hombres”, constata Georg Pieper. Todos sabemos que los hombres basan su identidad en el trabajo y por lo tanto en su valor de mercado, más que las mujeres. Pero el valor de mercado de la mayoría decae sin cesar. La crisis afecta también a su virilidad. Actualmente, los trastornos psíquicos como las depresiones se propagan en Grecia como una epidemia. Nadie se sorprende al saber que tres cuartas partes de los suicidios los cometen hombres.

No hay que ser un pesimista ni un experto para imaginar cómo afecta esta situación a las relaciones sociales entre individuos y a los cimientos de la sociedad griega. La ira contra un sistema corrupto, pervertido, y contra la política internacional, cuyos tramos de ayuda recaen en los bancos en lugar de servir para salvar a las personas, es inmensa y va en aumento. Los hombres transmiten ese odio a su familia y sus hijos lo traducen en actos violentos en la calle. Se está observando un aumento de los grupos violentos que atacan a las minorías.

En noviembre, Estados Unidos emitió una advertencia dirigida a los viajeros que quisieran visitar Grecia, en el que destacaban que en el país podrían verse amenazadas sobre todo las personas de color. Para un país como Grecia, que tiene de sí misma la imagen de un país hospitalario, es algo que choca, comenta Georg Pieper.

El egoísmo sustituye a la solidaridad

En condiciones normales, ni siquiera el golpe más terrible hace que una persona se arrodille, explica Georg Pieper, ya que estamos dotados de un instinto de supervivencia extremadamente desarrollado. Esa es la buena noticia. La mala es que este instinto de supervivencia únicamente es eficaz en una sociedad que funcione bien y sea capaz de amortiguar el choque. La tragedia de Utøya demostró la fuerza que era capaz de demostrar una sociedad así. Toda Noruega brindó su apoyo a las víctimas tras la masacre, como si se hubiera desplegado un manto de solidaridad por todo el país.

En Grecia, los fundamentos de la sociedad se han minado hasta tal punto que ha acabado por derrumbarse. La crisis ha aniquilado el Estado del bienestar. “El hombre”, analiza Georg Pieper, “se transforma en un depredador en este tipo de situaciones dramáticas”. La necesidad le impulsa a cometer actos irracionales. El egoísmo sustituye a la solidaridad.

Hace unas semanas, Transparency International publicó su clasificación mundial de la corrupción. En ella, Grecia ocupa el último lugar de los países europeos, no lejos de países como Colombia o Yibuti. Estos mensajes son veneno puro.

Georg Pieper suspira: “Me pregunto cuánto tiempo podrá aguantar esta sociedad antes de explotar”. En su opinión, Grecia está al borde de la guerra civil. Y eso nos afecta a todos.

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ARTÍCULOS DE OPINIÓN

Geoffrey Geuens. Le Monde Diplomatique ¦ NOVIEMBRE, 2.012

 …“En esta batalla que se libra, voy a decirles cuál es mi verdadero adversario –exclamaba el, a la sazón, candidato socialista a la elección presidencial francesa, François Hollande, en su discurso de Bourget (Seine-Saint-Denis), el 22 de enero último–. No tiene nombre, ni rostro, ni partido; nunca presentará su candidatura, nunca será pues elegido. Este adversario es el mundo de las finanzas”. Atacar a los verdaderos actores de la alta banca y de la gran industria habría podido conducirlo igualmente a nombrar a los dirigentes de los fondos de inversiones que deciden, con plena conciencia, lanzar ataques especulativos sobre la deuda de los países del Sur de Europa. O incluso, a cuestionar el doble juego de algunos de sus asesores, sin olvidar el de sus (ex) colegas socialistas europeos que pasaron de una Internacional a otra….

 

…Figura obligatoria de la comunicación política, la denuncia de los “mercados financieros”, tan virulenta como inofensiva, sigue siendo hasta ahora letra muerta. Al igual que el presidente Barack Obama, que otorgó su indulto presidencial a los responsables estadounidenses de la crisis, los dirigentes del Viejo Continente perdonaron en muy poco tiempo los excesos de los especuladores “ávidos” que ponían en la picota. Sólo quedaba entonces recuperar el prestigio injustamente mancillado de los dignos representantes de la oligarquía. ¿Cómo? Designándolos a la cabeza de comisiones encargadas de elaborar nuevas reglas de conducta para los mercados, ¡por supuesto! De Paul Volcker (JPMorgan Chase) a Mario Draghi (Goldman Sachs), pasando por Jacques de Larosière (AIG, BNP Paribas), Lord Adair Turner (Standard Chartered Bank, Merrill Lynch Europe) o incluso el barón Alexandre Lamfalussy (CNP Assurances, Fortis), todos los coordinadores encargados de brindar una respuesta a la crisis financiera mantenían estrechos lazos con los más importantes operadores privados del sector. Los “irresponsables” de ayer, como por arte de magia, acababan de metamorfosearse en “sabios” de la economía, alentados por los medios de comunicación e intelectuales dominantes que, poco tiempo antes, no tenían palabras lo bastante duras como para denunciar la “suficiencia” y la “ceguera” de los banqueros.

Finalmente, ya no existen dudas de que algunos especuladores hayan podido sacar provecho de las crisis que se sucedieron estos últimos años. Sin embargo, el oportunismo y el cinismo del que dan muestras los “depredadores” en cuestión no debe hacer olvidar que contaron, para alcanzar sus objetivos, con el apoyo de las más altas esferas del Estado. ¿Acaso John Paulson, luego de haber ganado más de 2.000 millones de dólares en la crisis de las subprime, de la que fue el principal beneficiario, no contrató al ex director de la Reserva Federal, Alan Greenspan, entonces asesor de Pimco (Deutsche Bank), uno de los principales acreedores del Estado estadounidense? Y qué decir de los principales administradores internacionales de hedge funds: el ex presidente del National Economic Council (bajo el Gobierno de Obama) y ex secretario del Tesoro de William Clinton, Lawrence Summers, fue director ejecutivo de la firma D.E. Shaw (32.000 millones de dólares de activos); el fundador del grupo Citadel Investment, Ken Griffith, oriundo de Chicago, financió la campaña del actual presidente de Estados Unidos; en cuanto a George Soros, contrató los servicios del laborista Lord Malloch-Brown, ex director del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo…

Las finanzas tienen rostros: se los puede ver desde hace mucho tiempo en los pasillos del poder.