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RETRATOS EN PROSA

MIKA FELDMAN

Francisco Luis del Pino Olmedo ¦ Que leer ¦ Diciembre de 2012

Poco conocida en su propio país, Mika Feldman fue una intelectual libertaria que se entregó a sus ideales por entero y luchó en la Guerra Civil española. Elsa Osorio ha insuflado nueva vida con su novela “La Capitana” (Siruela) a un personaje fascinante y lleno de valor.

La argentina Mika Feldman de Etchebéhère (1902-1992) es uno de esos personajes que la historia parece querer escamotear de sus registros, hasta que alguien se interesa por ellos y los descubre para el mundo. Es exactamente lo que ha hecho Elsa Osorio con La Capitana (Siruela), que rinde un emotivo homenaje a una mujer que luchó por la igualdad, la justicia y la libertad toda su vida. Y que por voluntad propia fue discreta y apenas habló de su experiencia en la Guerra Civil española, donde murió en combate su marido Hippolyte en los primeros meses del conflicto.

Después de su muerte, en julio de 1992, Guy Prévan escribió en Le Monde: “Revolucionaria de la primera hora, antifascista y antiestalinista, vivió siempre de acuerdo al camino que se trazó siendo casi una niña”, según recoge Elsa Osorio en su novela. Pero, ¿quién es en realidad Mika? Porque ni tan siquiera en su país, Argentina, se la conoce. La escritora responde con una calma trufada de cierto aire de frustración, y en su mirada creo leer el mensaje de que es cuento largo: “Mika nació en Moisés Ville, la colonia judía de Entre Ríos (Argentina), donde creció con los relatos de los revolucionarios evadidos de los progromos y las cárceles de la Rusia zarista. La familia de su madre, junto a un grupo de judíos, había emigrado a Argentina en 1889 huyendo de las terribles condiciones que vivían en Podolia a fines del siglo XIX, y después de diversas peripecias se asentaron en Rosario. Durante la travesía a bordo del vapor Weser su madre conoció a su padre, un joven que viajaba solo y con lo puesto por todo equipaje, y se enamoraron; años después se casarían. La excelente relación que siempre existió entre ellos configuró un modelo de pareja para Mika, que explica la suya con Hippolyte tan amorosa como solidaria”. Su familia, dice Elsa Osorio, se sintió muy orgullosa cuando Mika acabó sus estudios de odontología y se convirtió en doctora. Por el contrario, el que será su compañero proviene de una familia burguesa a la que abandona para seguir su ideal revolucionario, por lo que le ven como un descarriado. Ambos se encontrarán en los círculos de la izquierda militante, concretamente en torno a la revista Insurrexit donde colaboraban. Una revista que en dos años había logrado que escribieran en ella autores como Horacio Quiroga, Almafuerte, Alfonsina Storni, Romain Rolland, Henri Barbuse y Magdalena Marx. Ambos se afiliaron al partido comunista, pese a ser Mika anarquista. Pero serán expulsados por manifestar su admiración por León Trotski a finales de 1925. “Y en 1926, junto a otros camaradas, echados o desencantados del PC, fundaron el Partido Comunista Obrero. La revista Chispas fue el órgano de difusión del grupo”. Tras una aventura en la Patagonia reuniendo datos de la sangrienta represión gubernamental sobre los obreros ovejeros que protagonizaron la gran huelga, mientras trabajaban de dentistas ambulantes con una camioneta, deciden volver al activismo político.

La Capitana

El matrimonio Etchebéhère vive en Madrid los primeros tiempos de la República, para pasar luego a París militando en los grupos clandestinos de la oposición al estalinismo en Francia, y de allí se trasladan a Berlín, donde presencian el peligroso ascenso del nazismo en Alemania. La Guerra Civil en España será su próximo destino, en cuanto lucha que encauza todos sus ideales. Es allí donde Mika, una vez caído Hipo, como le llamaba cariñosamente, se convertirá en líder de una columna del POUM para combatir en Sigüenza primero y luego en otro frente. “Si bien luchó con el POUM, creo que fue porque era la agrupación más cercana ideológicamente a la de su grupo antiestalinista en Francia, no porque estuvieran de acuerdo punto por punto, sino que en ese momento la idea era combatir contra el fascismo y ahí encontraron su lugar. Entonces pienso que, al no haber un partido o una agrupación política que reclame su figura y legado como epopeya, quizás esa es una de las razones de su olvido”.

Es muy inusual que una mujer comande a hombres, sobre todo en tiempos donde el machismo imperaba, le comento a Osorio. “Es importante aquí, en efecto –reconoce la escritora–, el hecho de ser mujer porque es elegida por hombres, y podría decir que, pese a ser mujer y ser extranjera, ella toma ese mando porque se lo gana”. Y continúa: “Leí una nota que le hicieron en Francia cuando ya era muy mayor, en la que dice con toda tranquilidad que los lugares hay que ocuparlos; nada de quejarse, ni pretextar que me dejan de lado. Y ella ocupa verdaderamente ese lugar porque tiene capacidad y decisión”. Osorio declara abiertamente su admiración hacia Mika por varias razones: “Me gusta mucho su fuerza y al mismo tiempo la ternura que manifiesta. Es decir, que ella tampoco abandona los lugares tradicionales de la mujer: dar de comer a sus hombres, tenerlos abrigados, es maternal con los milicianos. Pero estos rasgos maternales no le impiden impartir órdenes y ser firme”. Una firmeza que no le permite guardar duelo ni un momento cuando muere su marido, le recuerdo. “También me interesó eso, la transformación que ella sufre durante la guerra, porque ha sido una militante entre intelectuales, y una cosa es estar hablando de la revolución y otra, tener que luchar codo con codo con esos hombres tan distintos de manera de ser. Vive la guerra cada día y por tanto no puede estar haciendo la reflexión política, ni le interesa. Se entrega públicamente a esa guerra que es su guerra”.

Se da la contradicción de que, mientras Mika es perseguida por los fascistas como “una que manda entre los rojos”, también es acusada por el estalinismo de “desafecta a la República” y encarcelada. ¿Es cierto que la rescata de la Dirección General de Seguridad Cipriano Mera?, le pregunto. “Es verdad, lo descubrí en las memorias del líder anarquista. Yo tomo la óptica del POUM porque es la del personaje y es consustancial en esta historia. Cipriano Mera era como ella, dice luego. Y el coronel Ojeda –en la ficción– es en verdad el coronel Perea, quien avisa a Mera cuando encuentra a Mika detenida para que la libere”.

Cenizas en el Sena

La Capitana
Elsa Osorio
Siruela
288 págs. 19,95 ¤.

De alguna manera, Mika Feldman transita por todos los acontecimientos importantes del siglo XX. Regresa a Francia en 1946, de donde había huido en 1940 ante la invasión alemana por ser judía y para pasar esos años en Argentina. “En Francia se reencuentra con el grupo de militantes amigos”, explica Osorio. ”Encontré los artículos que publicó sobre la Francia de la posguerra en la revista Sur, y en uno de ellos, titulado El niño guerrillero, hace referencia a la Guerra Civil. Mika escribía bien”. Por esa época colabora también con una revista brasileña. En Francia se gana la vida haciendo periodismo gastronómico y, sobre todo, ejerciendo de traductora ya que es políglota. “Decía que le costaba más esfuerzo escribir en inglés que en alemán. Fue muy amiga de Julio Cortázar, a quien le encontró su primer trabajo como traductor. Frecuentó a los intelectuales de la época, y entre sus amistades se encontraba André Bretón, con quien compartió señora de la limpieza. Y ya de mayor vendió algunos cuadros que había comprado en su momento para poder pagarse una residencia”. Cuando murió, sus amigos cumplieron su última voluntad, la de esparcir sus cenizas en el Sena como un último acto de humilde discreción. De ella dice la escritora que deja atrás como legado “el coraje, la constancia y la coherencia. Y esta idea de tratar de ser mejor todo el tiempo”